Introducción a la Psicología de la Educación

Introducción

Esta entrada tiene dos objetivos. En primer lugar, quiero explicar qué es la psicología de la educación. Y, en segundo lugar, también quiero puntualizar algunas ideas que emergen del convencimiento compartido por investigadores y profesionales de que la psicología de la educación es tanto una disciplina como una profesión que se sitúa sobre los múltiples y diversos puentes que existen entre una y otra disciplina.

Probablemente, conviene explicitar que ninguna idea que aparezca en esta entrada se me ocurrió a mí o me pertenece a mí. Por el contrario, todas son ideas que me he apropiado en mayor o menor medida como consecuencia de mi lectura de aquellos artículos y capítulos de libro que están referenciados en la sección final. Incluso hay muchas partes que no he tenido la necesidad de modificar en ningún sentido por su precisión y su actualidad; por tanto, he preferido dejarlos textualmente iguales a los originales. El lector de esta entrada puede recurrir a dichos artículos y capítulos de libro para citar esta entrada y/o para complementar la información contenida a continuación.

 

¿Qué relaciones pueden existir entre la psicología y la educación?

A lo largo de la historia han existido tres posibles tipos de relación entre la psicología y la educación (ver fotografía 1). El primer tipo de relación se conoce como one way street, o de la psicología a la educación. Quienes defienden esta postura, sostienen que los psicólogos deben ocuparse fundamentalmente de investigar los procesos de desarrollo y de aprendizaje y de poner los resultados obtenidos al alcance de los educadores, siendo los educadores quienes debiesen responsabilizarse por aplicarlos a su propia actividad.

Esta posición one way street de la psicología de la educación presenta algunos problemas evidentes. En primer lugar, esta relación unilateral conduce a menudo a seleccionar como objeto de estudio y de aplicación problemas y cuestiones ya investigados, o en curso de investigación, en el campo de la psicología, lo que supone dejar de lado otros problemas y cuestiones que son relevantes desde el punto de vista de la educación. Y, en segundo lugar, esta posición también limita la misión y el alcance de la psicología de la educación a la tarea de seleccionar de entre un amplio abanico de investigaciones psicológicas las mejores soluciones aplicables al mundo de la educación. El problema concreto es que estas investigaciones psicológicas usualmente han sido formuladas y/o investigadas en relación con problemáticas y cuestiones alejadas de las problemáticas y las cuestiones educativas.

El segundo tipo de relación ha sido denominado dead-end street, o ausencia de relación entre psicología y educación. El supuesto a la base de este planteamiento es que los psicólogos deben ocuparse del estudio de los procesos de desarrollo y de aprendizaje al margen de las preocupaciones de los educadores y de los problemas de la educación, mientras que el profesorado tiene la responsabilidad de desarrollar una enseñanza capaz de responder a las necesidades de sus alumnos sin tener en cuenta las aportaciones de la psicología.

Finalmente, el tercer tipo de relación entre la psicología y la educación se conoce como two-way street. Los investigadores y profesionales que defendemos esta última posición pensamos que los psicólogos deben ocuparse de estudiar cómo las personas aprenden y se desarrollan en entornos educativos, definiendo los temas de sus investigaciones a partir de las preocupaciones y retos de los educadores, mientras que los educadores deben fundamentar sus decisiones instruccionales en las aportaciones de la psicología sobre cómo aprenden y se desarrollan los aprendices en los entornos educativos.

En este sentido, los temas y las cuestiones que debiesen ser objeto de atención y estudio por parte de la psicología de la educación debiesen ser elegidos a partir de los problemas que se plantean en las prácticas educativas y de las preocupaciones de los profesionales de la educación, y no hacerlo, como sigue siendo aún bastante habitual en algunos sitios, en función de su interés y relevancia psicológica o de la disponibilidad de métodos de investigación canónicos y aceptados por la psicología científica.

Estrechamente vinculado con lo anterior, el planteamiento y la formulación de los temas estudiados debería adoptar una forma de discurso cercana a la práctica educativa y a las preocupaciones de los profesionales de la educación, evitando en la medida de lo posible el discurso disciplinar y especializado de la psicología. Este discurso psicológico es, a menudo, poco apropiado para describir con precisión y fidelidad los aspectos más relevantes de las situaciones y las prácticas educativas, como demuestran innumerables investigaciones contemporáneas.

En definitiva, desde nuestro punto de vista la psicología de la educación no se encarga de utilizar un conocimiento ya elaborado por una o varias teorías psicológicas. Debiese, más bien, construir y enriquecer este conocimiento psicológico. El carácter constitutivo y generador de nuevo conocimiento que tiene la psicología de la educación es el punto clave; ahí radica el verdadero potencial de asumir la psicología de la educación como una disciplina puente de naturaleza aplicada. A continuación, comentaremos de manera más detallada esta perspectiva.

 

Fotografía 1. Tipos de relaciones entre la psicología y la educación

 

La psicología de la educación como disciplina puente aplicada

La psicología de la educación es una disciplina puente aplicada (esto quiere decir que es, a la vez, tanto una disciplina como una profesión) que se sitúa entre la psicología y la educación. En esta sección, comentaremos algunos aspectos relacionados al carácter disciplinar de la psicología de la educación.

Que la psicología de la educación sea una disciplina significa que es un conjunto numeroso y diverso de ideas, conceptos y teorías que se han ido formulando y reformulando con el paso del tiempo sobre un determinado objeto de estudio a través de la investigación científica. Las ideas, los conceptos y las teorías de la psicología de la educación provienen de múltiples y diversas aportaciones de tres fuentes principales: (a) las teorías psicológicas; (b) las teorías educativas; y (c) las características emergentes de las prácticas educativas que son descubiertas a través de la investigación y la práctica. Por lo tanto, no se puede limitar a la mera aplicación de una o varias ideas, conceptos y teorías construidas fuera de aquel punto en el que se intersectan estas fuentes (ver fotografía 2).

 

Fotografía 2. Interdependencia e interacción entre la psicología y la educación

 

Así entendida, la psicología de la educación se ocupa de su objeto de estudio con una triple finalidad. En primer lugar, busca contribuir a la elaboración de teoría que permita comprender y explicar mejor los procesos educativos. En segundo lugar, busca ayudar en el proceso de elaboración de procedimientos, estrategias y modelos de planificación e intervención que ayuden a orientar a quienes se desempeñan en las prácticas educativas en una dirección determinada. Y, en tercer lugar, tiene la finalidad de promover la instauración de unas prácticas educativas más eficaces, más satisfactorias y más enriquecedoras para las personas que participan en ellas. Estas finalidades se pueden organizar en una matriz como la que hemos decidido mostrar a continuación (ver fotografía 3).

 

Fotografía 3. Las dimensiones de la psicología de la educación como disciplina

 

Más específicamente, el objeto de estudio de la psicología de la educación es el conjunto de procesos de cambio que se producen en las personas como consecuencia de su participación en actividades educativas. Por lo tanto, una parte del interés se centra en los procesos de cambio que se producen en las personas, es decir, en el estudio de los procesos psicológicos. Y, otra parte, que la diferencia de otras áreas de la psicología, es que a la vez se centra por un tipo muy especial de cambios: aquéllos que tienen su origen en, o que pueden relacionarse con, la participación de las personas en actividades o situaciones educativas. De esta manera, la psicología de la educación es tanto una disciplina psicológica, ya que tiene el estudio de procesos psicológicos como foco; pero, al mismo tiempo, es también una disciplina educativa, ya que los procesos psicológicos a los que dirige su atención son inseparables de las situaciones educativas que están en su origen. Esto supone reconocer que es imprescindible tener en cuenta las características de las situaciones educativas para poder estudiar cabalmente los cambios que se producen en las mentes de las personas.

En términos de los contenidos de los que se ocupa la psicología de la educación, es posible identificar dos grandes bloques. Por una parte, existe un bloque relativo a los procesos de cambio que se producen en las personas como resultado de su participación en situaciones y actividades educativas. Por otra parte, existe un bloque relativo a los factores, las variables o las dimensiones de las situaciones y actividades educativas que se relacionan directa o indirectamente con estos procesos de cambio y que contribuyen a explicar su orientación, características y resultados.

Probablemente, una manera adecuada de dar cuenta de la diversidad y heterogeneidad de los contenidos que conforman este segundo bloque sin necesidad de adscribirse a un enfoque teórico particular sea presentarlos como coordenadas. En este sentido, los procesos educativos suponen siempre y necesariamente que (a) alguien, ya sea el profesorado, los padres, los instructores, los monitores, los medios de comunicación, u otros; (b) enseña, es decir, actúa con la intención de influir; (c) algo, ya sean las materias del currículo u otros hábitos, destrezas, normas de conducta, valores, etc.; (d) a alguien, que pueden ser alumnos, hijos, empleados, espectadores, visitantes a un museo, u otros; (e) en un contexto institucional situado histórico y culturalmente como la escuela, la familia, la comunidad; (f) con un propósito, como desarrollar capacidades, adquirir conocimientos, destrezas, hábitos, asimilar valores, etc.; (g) esperando unos resultados; (h) que son a menudo evaluados con la finalidad de verificar que se han alcanzado los propósitos perseguidos y se han obtenido los resultados esperados.

La psicología de la educación como profesión

Hasta ahora, hemos afirmado en más de una ocasión que la psicología de la educación es una disciplina puente aplicada, lo que significa que es una disciplina, pero, a la vez, también es una profesión. A continuación, nos centraremos en la naturaleza profesional de la psicología de la educación.

Las actividades científicas y profesionales en las que se interpone la psicología de la educación aparecen circunscritas fundamentalmente a tres ámbitos de trabajo, que son además aquellos en torno a los cuales se ha producido, históricamente, su desarrollo y su evolución: (a) la formación del profesorado; (b) la investigación psicológica aplicada a la educación; y (c) la intervención psicológica sobre problemas y dificultades del desarrollo, del aprendizaje y de la conducta, fundamentalmente en el caso de niños y adolescentes.

Sobre este último caso, conviene recordar que los planteamientos clínicos que han estado desde los inicios de la profesión en el origen de la intervención psicoeducativa no han desaparecido del horizonte de la psicología de la educación. En ocasiones, la emergencia y consolidación de la psicología escolar como un espacio profesional no ha supuesto la sustitución de un enfoque clínico por un enfoque educativo, sino que, a las funciones y tareas clásicas de diagnóstico y tratamiento de trastornos del desarrollo, del aprendizaje y de la conducta en contextos educativos, se les ha añadido una serie de funciones derivadas de los esfuerzos por contribuir a la mejora de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Asimismo, también conviene recordar que en los últimos años se ha ido configurando una nueva ecología del aprendizaje. Cada vez hay más investigadores y profesionales convencidos de utilizar un concepto de educación más amplio, que tenga en cuenta el conjunto de actividades y prácticas sociales (entre las que, lógicamente, se encuentran las prácticas educativas escolares, pero que no se reduce a estas) mediante las cuales los grupos sociales promueven el desarrollo personal y la socialización de sus miembros. Por lo tanto, si bien es cierto que hasta hace pocos años la psicología de la educación seguía siendo una psicología de la educación escolar, es posible observar una creciente apertura al estudio y la intervención sobre otros tipos de prácticas educativas, tanto formales como no formales.

En este sentido, el estatus de la psicología de la educación como disciplina puente entre ambas disciplinas nos invita a cuestionar si somos psicólogos de la educación o psicólogos implicados en la comprensión de los procesos educativos. Probablemente, el hecho de que los cambios sociales, políticos, económicos, tecnológicos y culturales vividos en el último tiempo hayan redistribuido los fenómenos educativos en un conjunto mucho más amplio de contextos de actividad puede haber provocado que hoy nuestros objetos de estudio no estén limitados a los contextos educativos formales y tradicionales, como la escuela o la universidad. Dicho de otra forma, que hoy en día los fenómenos educativos ocurran en diferentes lugares y momentos nos invita a ampliar los límites de la psicología de la educación hacia otros espacios que tradicionalmente eran objeto de estudio de la psicología como tal. En la práctica, esto supone un desafío importante para los psicólogos de la educación. En efecto, se ven ampliados sus potenciales espacios de trabajo en la medida en que se podría desempeñar la profesión en cualquier sitio en el que ocurran fenómenos educativos (e.g., en la cárcel).

De lo anterior se desprende que parece ser relevante que los psicólogos de la educación enfrenten el desafío de hilar un poco más fino y comenzar a identificar los múltiples y variados contextos en los que podrían desempeñarse profesionalmente. Esto permitiría comenzar a crear alianzas con potenciales empleadores y mejorar su situación profesional.

En otro orden de ideas, en la medida en que la psicología de la educación es una profesión, quienes se desempeñan como psicólogos de la educación trabajan para conseguir determinados fines en una multiplicidad de contextos educativos diversos. Es posible situar estas finalidades en la matriz de dimensiones de la psicología de la educación (ver fotografía 4). Al hacerlo, podemos categorizar las actividades de los psicólogos de la educación en: (a) actividades dirigidas a ampliar y perfilar el núcleo teórico-conceptual, es decir, a elaborar modelos explicativos y teorías; (b) actividades orientadas a construir y validar procedimientos de instrumentación, es decir, a elaborar diseños psicoeducativos; y (c) actividades de intervención directa sobre las prácticas educativas.

 

Fotografía 4. Las dimensiones de la psicología de la educación como profesión

 

Finalmente, un aspecto muy importante a tener en cuenta es que en la actualidad la psicología de la educación puede pensarse como un trabajo. Esto quiere decir que es una actividad humana que se lleva a cabo en el marco de unas relaciones sociales situadas y regladas institucional, cultural e históricamente. Por lo tanto, hoy más que nunca es importante tener en cuenta las características de dichas relaciones y las condiciones en las que se despliegan las actividades, con la finalidad de asegurar, en todo momento, la dignidad de quienes se desempeñan como psicólogos de la educación.

 

Referencias

Coll, C. (1989). Conocimiento psicológico y práctica educativa: introducción a las relaciones entre psicología y educación. Barcelona: Barcanova.

Coll, C. (2014). Concepciones y tendencias actuales en psicología de la educación. En C. Coll, J. Palacios & Á. Marchesi (Comps.), Desarrollo psicológico y educación 2. Psicología de la educación escolar (pp. 29-64). Madrid: Alianza.

Coll, C. (2017). La psicología de la educación, una encrucijada de muchos caminos. Informació psicològica, (113), 14-24. dx.medra.org/10.14635/IPSIC.2017.113.6

Martí, E. & Sánchez, E. (2017). En busca de un consenso. Informació psicològica, (113), 61-69. dx.medra.org/10.14635/IPSIC.2017.113.9

Rigo, M. A., Díaz Barriga, F. y Hernández Rojas, G. (2005). La psicología de la educación como disciplina y profesión. Entrevista con César Coll. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 7(1), 1-14.

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