Ficha bibliográfica: “El currículo escolar en el marco de la nueva ecología del aprendizaje”

 

*Escrito por Jeymy Aguilera

 

 

En el presente artículo, Coll (2013) presenta una importante reflexión acerca de dos aspectos: los rasgos principales del currículo y del aprendizaje escolar en la nueva ecología del aprendizaje; y los desafíos de la educación escolar actual.

Para comprender este texto, en primer lugar, se debe esclarecer el término de las “nuevas ecologías del aprendizaje”, el cual, en esencia, hace referencia al reconocimiento de que las personas aprendemos en diversos contextos educativos (no sólo en el sistema de educación formal) y en el transcurso de toda nuestra vida. En este sentido, es de suma relevancia darse cuenta que los cambios socioculturales, políticos, y económicos, interrelacionados con la era de la tecnología de la información, y la comunicación, influyen en distintos escenarios y actividades de las personas. Esta situación, por un lado, ofrece nuevas modalidades (recursos y oportunidades) de aprendizaje, y por otro lado, afecta a todos los parámetros de éste, tales como el cuándo, dónde, cómo, de y con quién, cómo, y para qué aprendemos (Coll, 2013).

El modelo educativo emergente, de la nueva ecología del aprendizaje, está en constante contraposición con el modelo educativo tradicional, es decir, con la ecología del aprendizaje que sustenta a todos los sistemas educativos formales (colegios, institutos, universidades) actuales. Así, entre estas dos ecologías, nos encontramos con varios versus, a saber:

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Como se visualiza, en el modelo educativo emergente la acción educativa se presenta como distribuida, e interconectada, entre diversos escenarios y agentes educativos (e.g. familia, compañeros/amigos, personas significativas que se conozcan en el transcurso de la vida, etc.). Reconocer esto es imprescindible, porque supone entender la importancia de nuestras trayectorias de aprendizaje, de donde emerge la “personalización del aprendizaje” (Coll, 2013, p.33). En otras palabras, en todos los contextos (actividades, relaciones e interacciones interpersonales, etc.) en los que participamos, y por los que transitamos a lo largo de nuestra vida, van construyendo nuestra personalización del aprendizaje, que es el conjunto de aspiraciones, intereses, y motivaciones que tiene cada persona al aprender.

Lo anterior lleva a una problemática relevante para el modelo de educación tradicional, sobre todo para las instituciones escolares de educación básica/primaria y media/secundaria, puesto que explicaría el hecho de por qué es cada vez más habitual encontrar que los estudiantes manifiestan que lo que aprenden en los colegios/institutos no les interesa o no les hace sentido. A este fenómeno, Coll (2013) le llama “desdibujamiento del sentido del aprendizaje escolar” (p.34), y en palabras simples, revela la desconexión que existe entre las prácticas educativas que los estudiantes realizan fuera de la escuela (las cuales responden a sus intereses y motivaciones) y dentro de ella (las cuales no se tienden a valorar como experiencias de aprendizaje reales, porque no satisfacen sus necesidades). En este sentido, esta desconexión tiene profundas consecuencias negativas en lo que se supone que es el objetivo principal de la educación: el desarrollo y la inserción de las personas en la sociedad; puesto que los/as estudiantes, al no conectar sus gustos, intereses y motivaciones con las temáticas pasadas en los colegios, difícilmente pueden proyectarlas para su futuro. Dentro de este plano, las consecuencias más evidentes son: la indiferencia y/o desmotivación por aprender y para participar en las actividades escolares, lo que conlleva a reiteradas inasistencias, bajo rendimiento, y hasta al fracaso y/o deserción escolar.

Bajo dicho hilo argumental, nace el desafío de ¿hacia dónde debería apuntar la educación del siglo XXI? Coll (2013) finaliza su artículo mencionando que la respuesta es que se debería reformular el sistema educacional formal en todas sus aristas (partiendo por el modelo de escolarización) para que se aprovechen los nuevos contextos en donde se distribuyen, e interrelacionan, las trayectorias personales de aprendizaje. En este sentido, en la nueva ecología del aprendizaje, el objetivo no es formar buenos estudiantes (que obtengan buenos resultados en pruebas de contenido), sino que es formar aprendices competentes, es decir, personas que cuando se enfrenten a la actualidad del mundo globalizado, sumido en la tecnología, cuenten con las herramientas para continuar aprendiendo, y también para construir y generar nuevos conocimientos en el mundo laboral, como en cualquier contexto de la vida.

La reflexión que quiero hacer del texto gira en torno a la importancia de ahondar en el concepto de personalizar el aprendizaje, lo que significa que las personas no necesitan aprender, ni en efecto, saber, lo mismo que todas. De acuerdo con esto, y según lo señalado por el mismo autor en otras fuentes y artículos, claramente la educación tradicional estaría en “jaque”, en el sentido en que lleva siglos con una metodología de enseñanza estructurada en donde se aprende más por un deber curricular (con contenidos sistematizados), que por construir conocimientos básicos deseables en los/as alumnos/as. Este hecho abre el espacio a otro concepto igual de relevante en el marco de la nueva ecología del aprendizaje, y es el concepto de “identidad de aprendiz”, que, a grandes rasgos, sería el conocimiento que cada persona tiene de sí misma en los procesos de aprendizaje (e.g. reconocimiento de sus fortalezas y debilidades), como de su capacidad para gestionar, y aprovechar, las ayudas que reciba en dichos procesos. En este sentido, la identidad de aprendiz sería el aspecto más básico de la personalización, y nos permite construir aprendizajes identitarios: “cuando aprendemos algo con sentido para nosotros, no tan sólo aprendemos ese algo, sino que aprendemos algo de nosotros mismos. No tan sólo aprendemos a construir el mundo, sino que los aprendizajes personales nos permiten construirnos a nosotros mismos” (Coll, 2018).

Tales palabras me recuerdan a las de González Rey (2018) “compartimos significados, pero esos significados toman múltiples sentidos, según las experiencias vividas”. En este sentido, volvemos a la gran obra Vygotskyana respecto al aprendizaje, y es que, como seres humanos, construimos nuestros conocimientos en base a que nos apropiamos de un conjunto de signos del medio que nos rodea, así nos construyen, y a la vez, construimos el mundo, porque cada conjunto de signos lo interpretamos de manera diferente (tenemos distintas vivencias y subjetividades), de ahí a que tomen importancias y sentidos distintos para cada ser humano (Rodríguez, 1999).

Finalizo mi reflexión mencionando que considero importante y necesario reformular el sistema educativo imperante en post de un nuevo sistema educacional que contemple el momento histórico y sociocultural por el que estamos pasando (la pandemia, quizá, podría ser una oportunidad para ir adecuándose paulatinamente a la nueva ecología del aprendizaje).

 

Referencias

Coll, C. (2013). El currículo escolar en el marco de la nueva ecología del aprendizaje. Reflexión, 31-36. http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/53975/1/627963.pdf

Coll, C. (2018). La Entrevista Educativa – César Coll – La nueva ecología del aprendizaje. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=KCXpuuzGd3M&feature=youtu.be

González, R. (2018). Coloquio González Rey. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=YF0RqGt3Rl4&t=2270s

Rodríguez, W. (1999). El legado de Vygotski y de Piaget en la educación. Revista latinoamericana de psicología, 31(3), 477-489. https://www.redalyc.org/pdf/805/80531304.pdf

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